Todas las evidencias de cambio climático

• En 2018 el nivel medio del mar a escala mundial fue aproximadamente 3,7 mm más alto que en 2017, un valor que marcó un nuevo récord.

• Casi 62 millones de personas se vieron afectadas por fenómenos metereológicos extremos.

• 1.600 personas murieron por olas de calor en Europa, EEUU y Japón.

• El hielo marino de la Antártida menguó a una velocidad nunca antes vista.

Las señales físicas y los impactos socioeconómicos que deja el cambio climático son cada vez mayores debido a unas concentraciones de gases de efecto invernadero sin precedentes, que provocan un aumento de las temperaturas mundiales hasta niveles peligrosos, según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial.

La 25ª edición de la Declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial, correspondiente a 2018, pone de relieve la elevación récord del nivel del mar, así como unas temperaturas terrestres y oceánicas excepcionalmente altas en los últimos cuatro años. Esta tendencia al calentamiento se inició a principios de siglo y se prevé que continúe.

Principales señales de cambio climático

En 2018 la mayoría de los peligros naturales que afectaron a casi 62 millones de personas estuvieron asociados con fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. Las inundaciones siguieron siendo el fenómeno con mayor número de afectados (más de 35 millones de personas), según un análisis de 281 fenómenos registrados por el Centro de Investigación de la Epidemiología de los Desastres y por la Estrategia Internacional de las Naciones Unidas para la Reducción de los Desastres.

Los huracanes Florence y Michael fueron dos de los catorce “desastres de miles de millones de dólares” que se produjeron en 2018 en EEUU causaron alrededor de US$ 49.000 millones en daños y más de 100 víctimas mortales. El supertifón Mangkhut afectó a más de 2,4 millones de personas y provocó la muerte de, al menos, 134 personas, fundamentalmente en Filipinas.

En Europa, el Japón y los Estados Unidos se atribuyeron más de 1.600 muertes a las intensas olas de calor y a los incendios forestales, que se consideraron además causantes de daños materiales sin precedentes por un valor de casi 24.000 millones de dólares en Estados Unidos. En el estado de Kerala (India) se produjeron las lluvias más copiosas y las peores inundaciones en casi un siglo.

Mapa interactivo de los fenómenos meteorológicos y climáticos de 2018.

Seguridad alimentaria

La exposición del sector agrícola a los fenómenos climáticos extremos amenaza con echar por tierra los avances realizados en la lucha para erradicar la malnutrición. Nuevos indicios apuntan a un aumento continuado del hambre en el mundo tras un período prolongado de disminución, según datos compilados por organismos de las Naciones Unidas, entre los que cabe citar la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Se estima que el número de personas subalimentadas se incrementó hasta los 821 millones en 2017, debido en parte a las graves sequías asociadas con el intenso episodio de El Niño de 2015/2016.

Desplazamientos de población

De los 17,7 millones de desplazados internos que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) tiene registrados, en septiembre de 2018 se contaban más de 2 millones de personas en situación de desplazamiento debido a desastres relacionados con fenómenos meteorológicos y climáticos. Sequías, inundaciones y tormentas (incluidos huracanes y ciclones) son los fenómenos que ocasionaron la mayor cantidad de desplazamientos por desastres en 2018. En todos los casos, las poblaciones desplazadas son vulnerables y necesitan protección.

Según la Red de Vigilancia y Protección de los Repatriados de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre enero y diciembre de 2018 se registraron unos 883.000 nuevos desplazamientos internos, de los cuales el 32% se atribuyó a las inundaciones y el 29% a la sequía.

Calor, calidad del aire y salud

Existen numerosas interconexiones entre el clima y la calidad del aire que se están viendo exacerbadas por el cambio climático. Se estimó que, entre 2000 y 2016, el número de personas expuestas a olas de calor había aumentado en aproximadamente 125 millones, dado que las olas de calor eran, de media, 0,37 días más largas que en el período de 1986 a 2008, según la Organización Mundial de la Salud. Estas tendencias levantan la voz de alarma en la comunidad de la salud pública, dado que se prevé que la intensidad, la frecuencia y la duración de los episodios de temperaturas extremas aumenten todavía más.

Algunos efectos medioambientales son la decoloración del coral y la reducción de la concentración de oxígeno en los océanos. Otros efectos son la pérdida de “carbono azul” asociada con los ecosistemas costeros, como los manglares, las praderas marinas y las marismas; y la alteración de ecosistemas muy diversos.

Cabe esperar que el calentamiento global contribuya a la disminución observada del oxígeno en alta mar y en las zonas oceánicas costeras, entre ellas en los estuarios y mares semicerrados. Desde mediados del siglo pasado, se ha estimado una disminución de entre el 1% y el 2% en el inventario de oxígeno oceánico en todo el mundo, según la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El cambio climático se ha erigido en una importante amenaza para los ecosistemas de turbera, porque agudiza los efectos del drenaje y aumenta el riesgo de incendio, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Las turberas revisten gran importancia para las sociedades humanas de todo el mundo. Contribuyen de forma significativa a la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos mediante el secuestro y el almacenamiento de carbono, la conservación de la diversidad biológica, la regulación del régimen hidrológico y la calidad del agua, y otros beneficios para los ecosistemas que repercuten positivamente en los medios de subsistencia.

Calentamiento Global en un gráfico

Indicadores climáticos

Calor oceánico: en 2018 se marcaron nuevos máximos en cuanto al contenido calorífico de los océanos hasta los 700 m de profundidad (datos desde 1955) y hasta los 2 000 m (datos desde 2005), rebasando así los récords previamente establecidos en 2017. Más del 90% de la energía atrapada por los gases de efecto invernadero acaba en los océanos, y el contenido calorífico brinda una medición directa de esa acumulación de energía en las capas superiores de los océanos.

El nivel del mar sigue aumentando a un ritmo acelerado. En 2018, el nivel medio del mar a escala mundial fue aproximadamente 3,7 mm más alto que en 2017, un valor que marcó un nuevo récord. En el período de enero de 1993 a diciembre de 2018, la velocidad media de subida del nivel del mar fue de 3,15 ± 0,3 mm año-1, y la aceleración estimada, de 0,1 mm año-2. La pérdida acelerada de masa de los mantos de hielo es la principal causa del incremento en el ritmo de elevación del nivel medio del mar a escala mundial, como han puesto de manifiesto los datos obtenidos mediante altimetría por satélite

Hielo marino

La extensión del hielo marino en el Ártico se situó muy por debajo de la media durante 2018 y se mantuvo en niveles bajos sin precedentes durante los dos primeros meses del año. La máxima extensión anual, observada a mediados de marzo, es la tercera extensión más reducida jamás registrada en un mes de marzo del período 1979-2018 mediante observaciones satelitales. La extensión mensual de hielo marino en septiembre registró el sexto valor más bajo para un mes de septiembre del que se tiene constancia. Desde 2007 se han sucedido las 12 extensiones más pequeñas registradas en un mes de septiembre. A finales de 2018, la extensión diaria de hielo se mantuvo cerca de los niveles mínimos jamás registrados.

La extensión del hielo marino de la Antártida alcanzó su máximo anual a finales de septiembre y a principios de octubre. Tras la extensión máxima registrada a principios de la primavera, el hielo marino de la Antártida menguó a gran velocidad, y los valores de las extensiones mensuales figuran entre los cinco registros más bajos para cada mes hasta finales de 2018.

La capa de hielo de Groenlandia ha perdido masa prácticamente cada año a lo largo de los dos últimos decenios. El balance de masa superficial se incrementó gracias a una caída de nieve superior a la media, en particular en la zona oriental de Groenlandia, y a una estación de deshielo cercana a la media. Esto llevó a un aumento del balance de masa superficial global, pero tuvo poco impacto en la tendencia observada en los dos últimos decenios, en la que se ha evidenciado, desde 2002, una pérdida de masa en la capa de hielo de Groenlandia de aproximadamente 3.600 gigatoneladas. En un estudio reciente también se analizaron testigos de hielo extraídos de Groenlandia, en los que quedó constancia de episodios de deshielo que se remontaban a mediados de 1500. El estudio permitió determinar que la reciente frecuencia a la que se suceden los episodios de deshielo en la capa de hielo de Groenlandia es inédita en, por lo menos, los últimos 500 años.

Retroceso de los glaciares

El Servicio Mundial de Vigilancia de los Glaciares se sirve de un conjunto de glaciares de referencia para los que se han acumulado observaciones durante más de 30 años (entre 1950 y 2018) para supervisar el balance de masa de los glaciares. Se trata de un conjunto que abarca 19 regiones montañosas. Los resultados preliminares de 2018, basados en un subconjunto de glaciares, indican que el año hidrológico 2017/2018 fue el 31 º año consecutivo de balance de masa negativo.

Acidificación de los océanos    

En el decenio pasado, los océanos absorbieron aproximadamente el 30 % de las emisiones antropógenas de CO2. El CO2 absorbido reacciona con el agua marina y modifica su pH. Este proceso se conoce como acidificación de los océanos, y puede mermar la capacidad de los organismos marinos, como moluscos y corales que conforman arrecifes, para crear y mantener su caparazón y esqueleto. Las observaciones realizadas en aguas oceánicas abiertas durante los últimos 30 años han puesto de manifiesto una clara tendencia hacia la reducción del pH. De conformidad con la COI de la UNESCO, y en consonancia con informes anteriores y previsiones sobre acidificación, la acidificación de los océanos persiste y prosigue la reducción en los niveles del pH oceánico a escala mundial.

 

2019-05-14T20:59:04+02:00 7 mayo, 2019|