¿Se ha acabado el tiempo del carbón en Europa?

Por qué a pesar del impacto en la salud la electricidad todavía es generada en gran medida con la quema de combustibles fósiles, en particular carbón. La última revista The Lancet en su editorial señala que la aparente mayor economía del carbón está distorsionada, ya que los llamados costos externos de su quema están siendo asumidos por las personas con la factura sanitaria.

Aunque la participación de este combustible en la generación de energía total de Europa cayó en un 20% en 2017, a la vez que la participación de las energías renovables aumentó en un 30%, más de 22.900 muertes prematuras y 6.575.800 días de trabajo perdidos pueden atribuirse a las emisiones de las centrales térmicas de carbón.

Casi 280 plantas siguen operando, más de 200 tienen más de 30 años y muchas están funcionando demasiado cerca o incluso dentro de áreas urbanas.

El carbón sigue siendo una importante fuente de energía en Europa, y representa aproximadamente una cuarta parte de la producción de electricidad. La producción de electricidad a partir del carbón es una de las principales fuentes de emisión de CO2. Dependiendo del tipo de carbón quemado, ya sea antracita o lignito, los gramos de CO2 por kilovatio-hora de electricidad generada el factor de emisión de carbono varía enormemente, siendo el lignito muy contaminante.

Además, las centrales eléctricas de carbón también son responsables de emisiones muy importantes de NO2, SO2 y material particulado, entre otros, que contribuyen significativamente a la contaminación del aire e impactan severamente en la salud humana.

Las emisiones de las centrales eléctricas de carbón en Europa contribuyen significativamente a la carga de morbilidad por contaminación ambiental. Más de 22.900 muertes prematuras podrían atribuirse a emisiones de centrales eléctricas de carbón, así como a 21.000 ingresos hospitalarios, 11.800 casos de bronquitis crónica en adultos y 51.700 casos de bronquitis en niños. Además, estas emisiones resultan en 23.502.800 días de actividad restringida y 6.575.800 días de trabajo perdidos.

¿Por qué, a pesar del impacto en la salud, la electricidad sigue generada en gran medida por la quema de combustibles fósiles, en particular carbón?

En Europa, el uso de carbón para la generación de energía se redujo por quinto año consecutivo en 2017, mientras que el uso de energías renovables continúa creciendo, según un informe reciente sobre el sector energético europeo.

La dependencia del carbón en la zona comunitaria no es tan fuerte como en China, EE.UU., Japón y Australia, en tanto que algunos Estados miembros de la UE28 como Austria, Dinamarca, Reino Unido, Italia, Finlandia y Francia han decidido eliminar el uso de este combustible. La participación del carbón en la generación de energía total de Europa cayó al 20% el año pasado, a la vez que la participación de las energías renovables aumentó en un 30%.

A pesar de este progreso, casi 280 plantas siguen operando, más de 200 tienen más de 30 años y muchas están operando demasiado cerca o incluso en áreas urbanas. Varios países , como Turquía y otros estados de Europa oriental, siguen invirtiendo en nuevas plantas.

Muchos países continúan subsidiando la industria del carbón no solo a nivel nacional, sino también a nivel mundial. Alemania es el principal defensor de la industria del carbón en la Unión Europea; proporcionando 30 mil millones de euros a esta industria entre 1999 y 2011, e invirtiendo miles de millones de euros en proyectos en todo el mundo.

La UE está financiando proyectos llevados a cabo por empresas de carbón, y Polonia está subvencionando fuertemente la industria del carbón. De 1990 a 2012, entregó 16.800 millones de euros en subsidios al carbón.

Costos sin internalizar

Una de las razones más importantes para continuar usando carbón es que sus costos negativos, conocidos como externos, no se internalizan. Los costos asociados con la quema de carbón deben incluir los de inversión y los operacionales, así como los externos. Pero estos últimos son pagados por las personas e incluyen gastos como medicamentos, consultas con especialistas, facturas hospitalarias y análisis de laboratorio. Y hasta que no estén incluidos en los precios de la energía, cualquier comparación en términos de rentabilidad entre las diferentes tecnologías que producen electricidad será poco realista y distorsionada.

También se debe prestar atención al hecho de que la reducción de la utilización de carbón y combustibles fósiles debe ser vista por nuestra economía como una oportunidad para un modo de crecimiento más sostenible. En Europa, cada año más energía de origen renovable se agrega a la red con la creación de más puestos de trabajo también.

Por lo tanto, la pérdida de lugares de trabajo en la industria del carbón probablemente se verá compensada por la creación de empleo a nivel nacional en los sectores de energía renovable y eficiencia energética, y los sistemas de reentrenamiento e iniciativas de empleo para las comunidades afectadas serán esenciales para superar las barreras al reempleo. En 2008, Europa era líder en términos de inversiones en energía renovable, hoy se encuentra muy por detrás de otros mercados en términos de adiciones anuales de capacidad. En 2019, el país que comenzó el cambio en el mercado de las energías renovables abandonará la UE.

La UE ya cumplió sus objetivos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% respecto de los niveles de 1990 para 2020. Para mantener este progreso, será obligatorio que las compañías de energía internalicen los costos externos asociados con la quema de carbón para la generación de electricidad, para desalentar el uso del carbón y para que los gobiernos inviertan más en proyectos más limpios que ayudarán a eliminar el uso del carbón y los combustibles fósiles y en estrategias de reciclaje. Alejarse del carbón tendrá un efecto beneficioso tanto para la salud humana como para la economía.

 

2018-06-14T09:45:54+00:00 7 junio, 2018|