La economía colaborativa de pago

El Parlamento Europeo aún no ha adoptado una posición acerca de la economía colaborativa, aunque la comisión de Transporte y Turismo de la Eurocámara ha puesto de relieve esta cuestión a través de un informe reciente, que pide una reacción mesurada y apropiada, ante lo que denomina la sharing economy, un paraguas donde caben distintos tipos de fines. Lo primero, dice, hay que distinguir las actividades que se producen en plataformas digitales como aquellas mera e informalmente colaborativas, y otras, que son servicios profesionales o empresariales.

Quiere además el Parlamento que las empresas o entidades online den cuenta a los usuarios que ofrecen bienes y servicios sobre sus obligaciones y cómo cumplir con las leyes locales. Se espera que el informe se vote en el Pleno durante el presente mes.

Hasta ahora, la Comisión Europea no ha mostrado una posición muy definida en relación a la economía de intercambio o del consumo colaborativo. De momento, ha señalado que ésta ofrece oportunidades para aumentar la eficiencia, el crecimiento y el empleo, mediante una mejor elección de los consumidores, pero también plantea nuevas preguntas sobre la necesidad de regulación.  Asimismo, el gobierno europeo ha anunciado en su documento de estrategia de mercado único digital que se pondrá en marcha antes de finales de 2015, una evaluación exhaustiva del papel de las plataformas, incluyendo la sharing economy y de los intermediarios digitales. Como parte de esta evaluación, la Comisión ha lanzado una consulta pública sobre estas plataformas y que estará disponible en castellano durante la segunda semana de octubre.

El turismo llama a la puerta de la CE

Bruselas tiene en cuenta los servicios que tradicionalmente han sido proporcionados por empresas como hoteles, taxis u operadores turísticos. Pero también observa que un número creciente de personas comparte temporalmente con otros particulares sus bienes, como una casa o un coche, o algunas de sus actividades, por ejemplo, comidas o excursiones. Este tipo de intercambio es parte de la corriente de la “economía colaborativa”. Y no se limita sólo al turismo.

Basta con darse un paseo digital para encontrarnos con un amplio catálogo de proyectos de este tipo, que han seguido en mayor o menor grado la arenga de Rachel Botsman en el año 2010 (en TED Talks) en pro del consumo colaborativo, con la ya histórica frase “yo no necesito un taladro, sino un agujero en la pared”. Muchas iniciativas han nacido para favorecer la reutilización o reciclaje de bienes o intercambiar “tiempos” y “habilidades” “espacios” “accesos”. Pero no todas han tenido la gran trayectoria de gigantes como las estadounidenses Uber y Airnabnb o la francesa Blablacar. Será porque éstas tienen un modelo determinado de negocio.

La oferta del usufructo de bienes y servicios no es nuevo. Y el desarrollo de Internet y la consecuente creación de plataformas en línea, ha hecho que el compartir sea más fácil que nunca. En la última década, muchas empresas han surgido para gestionar estas plataformas, con distinto resultado. Un ejemplo conocido es Airbnb  en el que la gente puede reservar alojamiento en las casas de particulares suscritos. Cuentas recientes indican que el número de plazas de alojamiento disponibles era de 1,5 millones, lo que la sitúa entre los líderes de ese mercado por capacidad instalada.. Un stock, por cierto que no sostiene Airnbn, sino cada anfitrión.

Airbnb, icono de la sharing economy

Airbnb ocupa su sitio en el mercado de alojamientos

Los defensores de la economía colaborativa creen que ésta proporciona fácil acceso a una amplia gama de servicios que a menudo son de mayor calidad y más asequibles que los proporcionados por homólogos de negocios tradicionales. Los críticos, por su parte, afirman que la economía del compartir hace una competencia desleal, reduce la seguridad del empleo, evita los impuestos y supone una amenaza para las normas de seguridad, de salud y de cumplimiento con las discapacidades, por mencionar algunas.

Lo que se juega

La llamada economía colaborativa se está desarrollando en un contexto de rápido crecimiento, especialmente con la fuerte entrada de turistas internacionales. En comparación con los 331 millones de llegadas en el año 2000, la UE28 recibió 457 millones de turistas en 2014. A nivel mundial, la llegada de turistas creció en el mismo período, desde 674 millones a más de 1,1 mil millones. A largo plazo, se prevé que estas cifras aumenten, a nivel global, dando lugar a una mayor y jugosa demanda de servicios turísticos.

Pero el turismo está evolucionando en respuesta a los cambios de comportamiento de los usuarios. Como la OCDE señala en un informe de 2014, los turistas están, en general, más abiertos a las vacaciones autoguiadas y valoran más la información de otros turistas (amigos y familiares o turistas anónimos que publican comentarios en Internet) que en el pasado. Muchas personas utilizan la red, teléfonos inteligentes y tabletas para planificar o comprar viajes. Exigen productos sostenibles, así como experiencias individualizadas y auténticas. Por otra parte, la crisis económica y el desempleo y la reducción del poder adquisitivo han empujado a muchos a prestar cada vez más atención a los precios y relación calidad-precio. Todos estos factores han favorecido el desarrollo de la economía del compartir.

¿Qué es la sharing economy?

Aunque la economía colaborativa (también llamada compartida, de pares o la economía del acceso) no tiene una definición única. Botsman y Rogers la describen como un modelo económico impulsado por las tecnologías de red que permite que las cosas y las habilidades sean compartidas o intercambiadas de maneras y en una escala que no eran posible anteriormente.

Otra forma de analizar este nuevo modelo es en comparación con el “tradicional”. Por ejemplo Dervojeda explica que, en los mercados tradicionales, los consumidores compran productos (para ser propietarios) y servicios, mientras que en la economía colaborativa los proveedores comparten sus recursos temporalmente con consumidores, ya sea gratis o por un retorno (financiero o no financiero). Prácticamente cualquier persona puede compartir casi cualquier cosa, desde productos (por ejemplo, un apartamento, un coche, una bicicleta, un equipo de viaje), pasando por tiempo, habilidades y competencias (por ejemplo, cocinar, de fotografía, el conocimiento de un lugar, etc.).

Este tipo de uso compartido o intercambio de bienes o servicios en general se facilita a través de plataformas en línea que responden a la demanda y la oferta. En muchos casos, estas plataformas son creadas y gestionadas por empresas privadas, también conocidas como compañías de peer-to-peer en el que los demandantes (en su mayoría individuos) de la oferta solicitar bienes y servicios a otros particulares. La plataforma actúa como intermediaria entre ellos.

sharing economy, economía peer-to-peer

Muchas empresas, por su parte, buscan posicionarse bajo el amplio paraguas de la sharing economy, entre otras razones, por el magnetismo de las tecnologías digitales innovadoras; el rápido crecimiento del volumen de la actividad de intercambio y el significado simbólico positivo del compartir: el usar y  disfrutar de algo con otros. Es difícil de evaluar el porcentaje que corresponde al de la economía de intercambio entre los particulares y el de los servicios de acceso que provee una empresa a las propiedades de otros. No hay una clara diferenciación entre las empresas que participan (total o parcialmente) en esta economía y las que no lo son.

Oportunidades y saturaciones del intercambio

En todo caso, desde que explotara el boom del “taladro y el agujero” se ha visto un cierto agotamiento de segmentos de consumo colaborativo, por ejemplo, en el compartir espacios de trabajo (coworking) o de almacén y, en menor grado en la preparación de comidas. Tampoco ha prendido el potencial del intercambio de bicis o de hacer deportes. Quedarían algunos espacios para intercambios de equipamiento digital. En caso opuesto, se prevé un mayor potencial en el compartir tiempo y responsabilidades; arreglos domésticos; coches y espacio para vivir. El préstamo de dinero, como siempre, tiene bastante recorrido por delante.

modelo Businees-to-consumer

Impacto en el turismo

El estudio independiente de la economía colaborativa en la Unión Europea se encuentra todavía en sus primeras etapas. La mayoría de los análisis se han publicado en Estados Unidos, donde muchas plataformas de este tipo ha comenzado su actividad, sobre todo en San Francisco, California, como son los casos de Uber y Airbnb.

Samuel Nadler considera que el consumo colaborativo ha ampliado la oferta global de opciones de viaje. Cualquier persona puede iniciar un negocio de turismo. Las plataformas en línea facilitan el acceso a una amplia gama de servicios, muchos de ellos de mayor calidad y más asequible que sus homólogos de negocio tradicionales. Los defensores sostienen que permite una mayor flexibilidad. Algunos turistas aprecian estas plataformas por la personalización, la autenticidad y los contactos con ciudadanos locales. Algunos medios de comunicación también han sugerido que esta economía social ayuda a responder mejor a los picos y valles de la demanda de los servicios turísticos.

Airbnb afirma que esta práctica reduce significativamente el consumo de energía y agua; las emisiones de gases de efecto invernadero y los residuos. También fomenta prácticas más sostenibles entre anfitriones y huéspedes. Sin embargo, casi no hay estudios completos sobre el impacto ecológico del hecho de compartir casa.

Precariedad laboral y legal

Los críticos ven una serie de aspectos negativos de esta economía. Algunos creen que está aumentando el número de trabajadores a tiempo parcial en el sector turístico y  ‘creando un tipo de empleo que es cada vez menos habitual realizarlo todos los días’. Es decir, si el trabajo en la economía colaborativa es la única fuente de ingresos, no proporciona la seguridad social para el trabajador (por ejemplo, sin licencia por enfermedad).

Para muchos implicados en el negocio turístico, el negocio de intercambio es una amenaza para las normas de seguridad, de salud y de cumplimiento en el acceso a usuarios con discapacidad. Lo critican por evadir impuestos y por competencia desleal. Los hoteleros “tienen que hacer frente a la protección del medio ambiente, la legislación laboral, las tasas municipales de turismo, la protección del consumidor, el IVA, la seguridad social, etc.”, mientras que muchos anfitriones informales no cumplen con estas reglas.

En un informe de Nueva York, se indicó que al menos el 72% de los alquileres de Airbnb violó alguna ley (por ejemplo, las leyes de zonificación que prohíben el funcionamiento de un negocio en una zona residencial). Un estudio de la Universidad de Boston estima que esta plataforma ha hecho reducir los ingresos de la hostelería en Austin, Estados Unidos entre un 8-10% en cinco años.

Ciudades europeas

Por ahora, ciertas actividades de la economía colaborativa se han regulado a nivel local. Algunas ciudades europeas han comenzado, por ejemplo, a regular el alquiler de apartamentos a corto plazo (el nombre utilizado para este tipo de alquiler varía de ciudad en ciudad). Aunque algunas reglas son comunes en distintas ciudades, también hay marcadas diferencias de enfoque, que a su vez puede hacer que este tipo de alquiler se más o menos atractivo para los anfitriones.

Algunas ciudades han adoptado un modelo relativamente restrictivo. Berlín ha aprobado una ley que prohíbe los alquileres a corto plazo, no registrados, e inspecciona propiedades para comprobar si la ley se aplica correctamente. En Bruselas, los anfitriones, a partir de enero de 2016, deberán pedir permiso a la comunidad y copropietarios del edificio. Por otro lado, París, Marsella y Lyon, no requieren dicha autorización si la residencia alquilada es la principal del huésped.

Estas ciudades francesas junto a Amsterdam y Londres regulan el alquiler de apartamentos a corto plazo en una forma que podría ser más favorable para el desarrollo de la economía de intercambio. Limitan en su mayoría el alquiler a corto plazo en relación al número de habitaciones que se pueden alquilar y el período.

Los límites de Amsterdam, por ejemplo, son el número de personas (cuatro) que el anfitrión puede aceptar para una reserva. Por otra parte, en Barcelona se requiere que el anfitrión esté presente durante el período de la visita. De lo contrario, el alquiler cae bajo otras leyes, por ejemplo, normas sobre alojamiento turístico como bed and breakfast. En algunas ciudades, Airbnb está recogiendo o va a recaudar impuestos directamente por cada reserva. Un número de ciudades (entre ellas Barcelona y París) también han multado a esta plataforma o a sus usuarios por violar varias leyes.

 

Imagen de portada: Washi-Tape-House-Keys-Cinema-and-Spice-2
2019-03-04T19:15:05+01:00 11 octubre, 2015|