El teletrabajo en confinamiento suma dos horas más a la jornada laboral

El miedo a perder el trabajo, la cultura de la presencialidad y la necesidad de mostrar el compromiso empuja al trabajador a no desconectar.

La brecha de género aumenta en las familias que teletrabajan y tienen dependientes a cargo.

Desde que el estado de alarma impuso el teletrabajo en las empresas en las que fue posible, millones de españoles han tenido que adaptarse a una forma y un tiempo de trabajo que en muchos casos les desbordan. Tanto es así que, si dependiera de ellos, cuando acabara el confinamiento la mayoría de empleados no regresaría a este modelo de trabajo, si nos ceñimos a la IV Encuesta Funcas sobre el coronavirus que indica que a solo 3,4 trabajadores de cada 10 les gustaría seguir teletrabajando.

Una de las razones de que trabajar desde casa no entusiasme a la mayoría es que sus jornadas son más largas. Según un análisis de NordVPN recogido en Forbes, con el teletrabajo trabajamos al menos dos horas más que cuando íbamos a la oficina. Y la falta de preparación para esta opción de trabajo puede estar detrás de esas largas jornadas.

«Pasar de un teletrabajo prácticamente inexistente como era el caso de España a un teletrabajo a tiempo completo es algo que, en circunstancias normales, se habría planificado cuidadosamente, tanto desde el punto de vista tecnológico como adaptando los modos de organizar y dirigir el trabajo», explica Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

Sin embargo, la emergencia por la pandemia ha impedido cualquier tipo de planificación, por lo que hemos comenzado a teletrabajar sin ninguna preparación. Eso ha traído consigo algunos fallos que se están pagando con tiempo extra.

Por su parte, la profesora del mismo centro universitario, Mar Sabadell, sostiene que las competencias digitales corporativas se van construyendo a medida que teletrabajamos, «lo que implica ineficiencias, cambios, aprendizaje. Por otro lado, estamos abrumados por un exceso de información digital», asegura. Al respecto, afirma que con la digitalización, hay tareas breves que, sin embargo, demandan digerir previamente mucha información, lo que nos lleva a «pasar un tiempo significativo organizando la información que recibimos y seleccionando aquella que es útil para nuestro trabajo», advierte. Otro problema es que en el contexto digital las demandas pueden llegar a ser constantes, «y además las recibimos de manera transversal, de distintos ámbitos de la organización, no en una cadena vertical. Debemos aprender a planificar, mejorar la organización del tiempo de trabajo digital y marcar prioridades», apunta.

Picos de actividad entre las doce y las tres de la madrugada

Precisamente, una de las principales causas de que los empleados se encuentren desbordados es que, ante la demanda por parte de la empresa y la autoexigencia que nos imponemos presionados por la situación económica, la desconexión se vuelve casi imposible. Según un estudio publicado en GlobalWebIndex, la vida laboral se inmiscuye irremediablemente en la vida familiar: el 74% de quienes teletrabajan revisa su correo fuera del horario laboral, frente al 59% de quienes no trabajan desde casa.

Sobre este asunto, el análisis de NordVPN indica que durante el confinamiento comenzamos antes la jornada y, sin embargo, no dejamos de trabajar más temprano. Los datos de Surfshark —otro proveedor de VPN— muestran incluso picos de actividad entre las doce y las tres de la madrugada que no eran frecuentes antes del inicio de la pandemia.

«El problema es que todavía no existe una verdadera cultura del teletrabajo que nos lleve a separar el espacio del hogar destinado al trabajo del resto de nuestras tareas o labores cotidianas», señala Pere Vidal, académico en Derecho y Ciencia Política. Sin embargo, existe el derecho a la desconexión digital. El experto recuerda que así lo establece el artículo 88.1 de la Ley orgánica de protección de datos.

«El artículo dice que los trabajadores tendrán derecho a la desconexión digital a fin de garantizar, fuera del tiempo de trabajo legal o convencionalmente establecido, el respeto de su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, así como de su intimidad personal y familiar», recuerda Vidal. Y añade que ese mismo derecho aparece de nuevo en otro artículo, el 20 bis del Estatuto de los trabajadores. «Por lo tanto, no podría sancionarse a aquellos trabajadores que no consultan el correo o el teléfono particular fuera de su jornada laboral».

Sin embargo, en opinión de Mar Sabadell, la presión juega en contra del trabajador. «El contexto -el confinamiento-, el miedo de perder el trabajo -extender horarios para mostrar nuestro compromiso- y una cultura de la presencialidad -asegurar que los trabajadores están conectados- pueden no estar ayudando», advierte.

Brecha de género

Otra de las razones de que aumenten los niveles de estrés de los teletrabajadores es que la conciliación se ha convertido en un objetivo aún más difícil de alcanzar que antes del estado de alarma. Mantener el colegio y el trabajo en un mismo espacio, y tener tiempo, además, para atender a los mayores dependientes si también conviven con la familia mientras se entretiene a los niños es casi imposible.

De nuevo, las mujeres están pagando el precio más alto. Aunque según la encuesta de Funcas tanto las madres como los padres con menores en el hogar cuidan y entretienen a los hijos, ellas les dedican más tiempo: las madres afirman dedicar a esta actividad 4,3 horas diarias, y superan en más de una hora el tiempo medio que le dedican los padres (3,1 horas). La misma conclusión obtuvo el estudio preliminar de la asociación Nada es Gratis, que concluyó que las mujeres asumen más peso en las tareas de casa durante el confinamiento, también en familias en las que el padre y la madre siguen trabajando.

Para Eva Rimbau, investigadora del grupo de investigación DigiBiz, es muy complicado trabajar bien en estas circunstancias. «Sin embargo, las empresas pueden al menos no aumentar el estrés de la situación con algunas acciones relativamente simples», afirma. Entre ellas, mostrar empatía con las situaciones personales —por ejemplo, normalizar que aparezcan niños o mascotas durante las reuniones o que alguien deba dejar momentáneamente una reunión para atender a su bebé—, y el ejemplo personal de las personas en puestos directivos es fundamental en este aspecto; facilitar que cada persona establezca sus propios horarios entendiéndolos de modo flexible, y facilitar la creación de comunidades, canales o grupos de chat en los que la gente comparta ideas, sugerencias y experiencias para hacerse la vida más fácil.

Cómo saber si estamos teletrabajando mal

La imagen creada en la sociedad actual de la improvisada forma de trabajar desde casa a raíz del confinamiento es una de las preocupaciones de los expertos en trabajo flexible. «El teletrabajo tiene efectos positivos que socialmente no pueden despreciarse. Pero debemos conocer los desajustes que de manera individual o colectiva se han producido», señala Mar Sabadell.

Por eso advierten que es clave entender que «este “teletrabajo de pandemia” que hemos adoptado no es una forma correcta de teletrabajo», como indica Rimbau. La mayoría cometemos algunos errores que son un buen indicativo de que no estamos teletrabajando adecuadamente.

Estos son los principales errores:

Estar siempre disponible. Se está generando la idea de que el trabajo a distancia supone estar siempre disponible y conectada, algo que resulta «estresante, improductivo y va en contra del derecho a la desconexión digital», recuerda Rimbau. Debe entenderse que el teletrabajo en realidad consiste en dejar que la gente se organice el tiempo como mejor le convenga para que pueda entregar los resultados acordados en un plazo concreto. Las personas con cargo directivo deben olvidarse de intentar saber qué hacen en todo momento sus colaboradoras y aprender a darles autonomía dentro de unas referencias claras.

Seguir horarios extensos. Aunque las expertas afirman que en el teletrabajo el horario no es lo más relevante, también advierten de que si nos encontramos trabajando a todas horas, sin descansos e incluso durante el fin de semana, algo estamos haciendo mal. La referencia es trabajar un número de horas que nos permita descansar y realizar otras actividades más allá del trabajo como la vida social y familiar, ocio o ejercicio.

No tener descansos. Tampoco es recomendable trabajar sin parar, incluso aunque estemos hablando de una jornada razonable. Lo ideal es hacer descansos breves a lo largo del día – por ejemplo, cinco minutos cada media hora, quince minutos cada dos horas, una pausa más larga para comer- y moverse para hacer estiramientos que eviten los problemas musculoesqueléticos asociados al trabajo sedentario.

 

 

2020-05-14T14:08:41+02:00 13 mayo, 2020|