Cómo proteger a las aves marinas en la Patagonia

Una investigación abre una nueva perspectiva para identificar áreas clave para la conservación de las aves marinas en uno de los sistemas naturales más emblemáticos y productivos del mundo.

Los expertos han elaborado una modelización de la distribución espacial de más de 2 millones de aves marinas de catorce especies diferentes a lo largo de 3.000 kilómetros de la costa patagónica.

El estudio añade un conjunto de áreas para mejorar la conservación de especies que crían a lo largo de la costa patagónica.

La protección de un área de 300.000 kilómetros cuadrados en aguas patagónicas podría mejorar la conservación de un 20% de la población de aves marinas y de su hábitat natural, según una investigación publicada en la revista Conservation Biology y dirigida por Francisco Ramírez, de la facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio).

El nuevo trabajo, que presenta una aproximación multidisciplinaria para definir áreas marinas de especial interés en conservación, también está firmado por Isabel Afán, Joan Giménez y Manuela G. Forero, de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).

Aves en Patagonia

Entre las aves marinas más amenazadas destaca el pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus).

Un área marina amenazada

Solo un 3 % de la superficie marina de los océanos está protegida, valor muy inferior al que existe en los ecosistemas terrestres. Los ecosistemas marinos de la Patagonia argentina, en concreto, son una de las regiones con mayor biodiversidad y producción biológica de todo el mundo. A pesar de su valor ecológico, en la actualidad también es una de las áreas marinas más amenazadas por el impacto de las actividades humanas —la intensa actividad pesquera— y por los cambios asociados al calentamiento global.

En el marco de la investigación, se han estudiado las poblaciones de catorce especies de aves marinas distribuidas a lo largo de 3.000 kilómetros de la costa patagónica. Entre las aves marinas más amenazadas destacan la gaviota de Olrog (Larus atlanticus), el cormorán gris (Phalacrocorax gaimardi) y el pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus), según los últimos informes de la Unión International para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Una nueva perspectiva

En general, la delimitación de las áreas marinas protegidas se basa en los criterios de los expertos en la materia y en datos sobre la distribución de algunas especies particularmente amenazadas. El nuevo trabajo abre una nueva perspectiva para identificar áreas clave para la conservación de las aves marinas en uno de los sistemas naturales más emblemáticos y productivos del mundo.

Tal como explica Ramírez, «en nuestro trabajo, hemos hecho una modelización de la distribución espacial marina de más de 2 millones de aves marinas de catorce especies diferentes». A partir de estos datos, «se han identificado cuáles son las áreas que permitirían proteger al menos un 20% de estas poblaciones mediante la aplicación de medidas de conservación».

Este trabajo es uno de los primeros en considerar el efecto de las corrientes oceánicas en la planificación de las áreas marinas protegidas. Tal como explica Isabel Afán, «si tenemos en cuenta el sistema de corrientes marinas de la zona, hay otras áreas conectadas a la zonas de protección prioritaria que también son importantes en términos de gestión ya que pueden trasladar a las zonas prioritarias las alteraciones del medio». Por ejemplo, «en casos de accidentes como los vertidos al mar, es importante conocer qué áreas podrían hacer llegar los productos de riesgo hacia las zonas protegidas, y por tanto, aplicar también sobre estas áreas alguna medida de gestión».

Para delimitar áreas de protección en regiones patagónicas, la nueva investigación tiene en cuenta las áreas marinas protegidas propuestas por BirdLife International, basadas en la distribución espacial de poblaciones de aves marinas pelágicas. Ahora bien, estas especies nidifican fuera de la costa patagónica y solo van a las regiones marinas para alimentarse, indican los expertos. Por ello, el nuevo trabajo añade un conjunto de áreas para mejorar la conservación de las catorce especies que crían a lo largo de dicha costa.

Cada vez hay más conciencia por parte de los organismos internacionales de que es necesario encontrar un equilibrio entre la protección medioambiental de los océanos y las actividades de alto impacto socioeconómico (pesquerías, actividades recreativas, etc.). En este escenario, la metodología publicada podría aplicarse en ecosistemas marinos en que se conozca la distribución espacial de las colonias de cría de las aves marinas y el número de individuos por colonia.

En un escenario tan amplio, dinámico y de difícil acceso como es el medio marino, «es preciso revisar de periódicamente las áreas marinas protegidas que se proponen para mejorar las herramientas de gestión medioambiental. Por eso, este es un proceso dinámico y adaptativo en que hay que integrar a todos los agentes implicados, desde los pescadores a las entidades conservacionistas», concluye el investigador Francisco Ramírez.

 

2018-07-12T09:38:16+00:00 9 julio, 2018|