A problemas globales, soluciones colaborativas

Empieza a ser evidente que es necesario un cambio sistémico que nos obligue a repensar el modelo de vida actual y nos fuerce a buscar alternativas que nos permitan seguir con nuestras rutinas aun en momentos de crisis, afirma el director de Greenpeace España.

No parece que en el ámbito global la crisis climática y la pandemia actual sean tan distintas entre sí, sostiene Mario Rodríguez, director de Greenpeace España. Hay demasiadas similitudes y pocas diferencias. Lamentablemente, señala, mientras la respuesta al coronavirus está siendo contundente, con medidas drásticas que afectan a toda la sociedad, la respuesta al cambio climático, aunque también es urgente, se sigue postergando o condicionando a intereses económicos o políticos cortoplacistas.

Al hacer un repaso de las cosas que tienen en común las crisis del coronavirus y la climática, Rodríguez explica que no hay diferencias muy grandes.

Ambas son globales

Lo vemos cada día en las noticias: ninguna de las dos entiende de fronteras, aumentan con el paso del tiempo si no se interviene y pueden llegar a ser letales. A diferencia del coronavirus, el cambio climático tiene una línea temporal más larga, pero es igualmente exponencial y sus ámbitos de impacto son aún mayores (no solo afecta a la salud de las personas sino del planeta).

Incrementan las desigualdades

Ambas crisis pueden incrementar las desigualdades existentes, siendo las personas más vulnerables las que se ven más afectadas. Personas con empleos precarios y/o en situación de desempleo, mujeres, personas mayores, dependientes, personas en situación irregular. Ninguna de ellas ha tenido tenido la responsabilidad en causar el problema, pero soportan con mayor dureza las consecuencias. Aunque si el problema no se ataja a tiempo, en ambos casos se puede llevar por delante la salud o el bienestar hasta de los más poderosos, cuya responsabilidad está bien identificada en el caso del cambio climático.

Se deben abordar desde la cooperación

Estas crisis globales que tienen consecuencias directas sobre nuestro sistema no se pueden ni deben abordar exclusivamente de forma individual y/o doméstica, sino que requieren de medidas igualmente globales, gestionadas desde la cooperación internacional, el multilateralismo y con políticas preventivas que nazcan del consenso político y social. Lo que decida cada país afecta a los demás y la solución que apliquen todos debería ir en la misma dirección.

A problemas globales, soluciones colaborativas

Empieza a ser evidente que es necesario un cambio sistémico que nos obligue a repensar el modelo de vida actual y nos fuerce a buscar alternativas que nos permitan seguir con nuestras rutinas aun en momentos de crisis.

Hoy nos vamos a centrar en apuntar a soluciones desde lo más cercano. Los supermercados cooperativos, el comercio de proximidad y otras iniciativas respetuosas con el medio ambiente ya ponían de manifiesto que poner en valor lo colectivo sobre lo individual nos permite seguir siendo libres.

Así también lo estamos viviendo estos días a través de todas las iniciativas que facilitan el quedarnos en casa: personas que se ofrecen a ir a buscar comida, clases/talleres multitudinarios digitales, voluntariado para asistencia a personas mayores o dependientes.

La crisis climática también necesita soluciones colaborativas. Como las de energía ciudadana, por ejemplo, cuando las personas colaboran para que un barrio o comunidad comparta una misma instalación de autoconsumo, para abastecer con energías renovables sus necesidades de electricidad.

El poder de la anticipación

Si podemos prever lo que sucederá, podemos desarrollar planes de contingencia que nos permiten suavizar cualquier impacto fuerte. Este es el caso claro en la emergencia climática: sabemos qué está sucediendo y el conocimiento nos permite establecer planes de transición laboral a empleos relacionados con energías renovables, repensar el sistema de consumo, etc.

Es, de hecho, una de la grandes diferencias con el coronavirus: la crisis climática está avisada por la comunidad científica y sabemos que tenemos diez años para evitar llegar a una situación fuera de control.

Cambia el concepto de seguridad

Nos hemos dado cuenta estos días de que la sanidad pública es fundamental para sentirnos seguras y saber que encontramos soluciones para todas las personas en un sistema bien dotado, firme y capaz de actuar en momentos de alarma. Frente a la emergencia climática, nuestra seguridad pasa por tener la certeza de que podemos adaptar nuestras formas de vida a sus impactos. Impactos que llegan en pérdida de medios de vida, cosechas, deterioro de la salud, etcétera. En definitiva, en vulneración de derechos.

La seguridad humana debe estar garantizada en modelos de progreso y convivencia que respeten los límites planetarios. No hay seguridad posible en un mundo que se siga calentando más allá de 1,5 ºC y traspasando la capacidad biofísica del planeta.

Por tanto, para evitar un cambio climático de graves consecuencias, se necesita actuar con decisión y urgencia, antes de que sea tarde. La buena noticia es que las medidas que se necesitan contra el cambio climático no deberían levantarse sobre medidas de contención y defensivas sino sobre medidas de precaución y cambio, contribuyendo a la construcción de una sociedad mejor, más equitativa y en paz con la naturaleza.

 

 

2020-03-28T09:40:21+01:00 16 marzo, 2020|