¿Cuál es la huella de tu deporte?

Sostiene Enrique Zaragoza, en su blog, que hacer una clasificación de deportes sostenibles no es tan sencillo. Depende de las condiciones de la práctica. Por ejemplo, apunta, “el fútbol en principio es un deporte sostenible, pero si construimos un campo de hierba natural en una zona con escasos recursos hídricos para poder jugar, dejaría de serlo”.

Para hacernos una idea del impacto de nuestra actividad física podemos calcular el consumo de energía y de agua; la emisión de CO2 que conlleva;  la generación de residuos, la contaminación; el ruido y el uso de material, si ha sido elaborado respetando el medio ambiente. También, dice Zaragoza, hay tener en cuenta los correspondientes estándares sociales y de seguridad de las personas que han fabricado dicho material.

A bote pronto, para este especialista en gestión deportiva, los deportes menos sostenibles son los del motor (automovilismo, motociclismo, motocross, motonáutica y aeronáutica) y el esquí alpino. En cambio, “otras actividades como el atletismo, el ciclismo, la vela, el remo, el patinaje o el montañismo no emiten CO2 y apenas consumen recursos naturales”, puntualiza.

Algunas de sus recomendaciones

  • Adaptar la práctica deportiva a la época del año, reduciendo el consumo energético. En invierno se puede disfrutar del esquí de fondo, mientras que en verano la natación es la idónea. Sin embargo, una instalación artificial cubierta de esquí alpino que permite esquiar en meses de calor consume muchísima energía. Hay deportes que se pueden practicar durante todo el año sin problema, pero otros resulta más razonable que se realicen dependiendo de la estación del año.
  • Compensar el CO2 producido. Hay emisiones contaminantes que muchas veces  son inevitables, como los desplazamientos en coche o en avión al lugar donde practicas deporte, entrenas o participas en una competición. Se pueden compensar estas emisiones a través de proyectos de energía renovable.
  • Comprar conscientemente. Informarse y comprar preferentemente productos de las empresas que tienen certificaciones de comercio justo o que cumplen los estándares medioambientales, de seguridad  y sociales con quienes trabajan.
  • Relocalizar: comprar artículos deportivos fabricados localmente, cuando esto sea posible, resulta mucho más ecológico que tener que importarlos desde otros países.
  • Reducir, reutilizar, reciclar. El famoso triángulo de la ecología se puede aplicar también al material deportivo que utilizamos. Organizar eventos de intercambios de ropa deportiva con los amigos o comprar material deportivo de segunda mano. Además, siempre se puede donar la ropa que ya no necesitamos a alguna organización.
  • Reparar en vez de tirar y comprar. Recuperar la costumbre de arreglar las cosas en vez de comprarlas nuevas cuando se estropean. Un ejemplo sería cuando pinchamos con la bici: en lugar de cambiar la cámara, es mejor reparar el pinchazo con un parche.
  • Proteger el medio ambiente. En los deportes que se practican al exterior, especialmente los que tienen lugar en el entorno natural, no tirar basura y dejarlo como te gustaría encontrarlo. Por ejemplo, sustituir los vasos, cubiertos y platos de plástico desechable por unos metálicos o compostables.
  • Utilizar energía renovable. Muchos deportes se practican en instalaciones deportivas  que tienen un alto consumo de electricidad. Hoy en día existen empresas y cooperativas que ofrecen la posibilidad de contratar el suministro eléctrico con kilovatios procedentes de fuentes renovables. Si gestionas una instalación deportiva, infórmate sobre las posibilidades de tener un suministro de energía renovable. Si eres usuario, pregunta qué tipo de energía están utilizando.
  • Evitar comprar ropa deportiva que haya sido elaborada con fluorocarburos, ya que son unos poderosos contaminantes biológicos que durante el proceso de fabricación son vertidos al agua.  La alternativa son los tejidos impermeables elaborados sin flúor. Evitar los impermeabilizantes que contengan fluoropolímeros, porque también son unos potentes contaminantes. Antes de comprar material técnico y sofisticado diseñado para condiciones climatológicas extremas, pensar para qué lo vamos a usar, porque seguramente la mayor parte de las veces no nos hace falta y su fabricación tiene un coste ambiental alto, existiendo alternativas más sencillas y ecológicas. Comprar una chaqueta de expedición para ir a coger setas en otoño, es desproporcionado.
  • Utilizar más la bici para desplazamientos. Es más saludable, ecológico y barato. El transporte público en tren o en bus también es siempre una opción más ecológica que el uso del coche. Si no queda más remedio que usar tu propio vehículo, comparte los sitios libres que tengas.
  • Unir deporte favorito con alguna acción social y recaudar dinero para una buena causa. Cada día hay más eventos deportivos y más entidades que colaboran para recoger donaciones con fines sociales. Participa activamente y haz de tu deporte favorito una herramienta de transformación social.

 

bicicleta de montaña

Bicicleta de montaña

 

 

deporte sostenible

Piragüismo

 

 

deporte sostenible

Skateboard

 

 

surfista

Surf

 

 

deporte sostenible

Climbing

 

 

deporte sostenible

Trecking

 

Foto portada: surf en el río.

 

2016-05-02T12:34:08+00:00 7 mayo, 2015|